Es fascinante cómo Guadalajara ha pasado de ser una ciudad de barrios tradicionales y vida comunitaria a convertirse en el patio de recreo de las inmobiliarias y los nómadas digitales. Lo que alguna vez fue un hogar accesible para las familias tapatías ahora es territorio reservado para aquellos que pueden desembolsar, sin pestañear, unos 30 mil pesos por metro cuadrado
