En el corazón de Guadalajara, una ciudad que cambia a un ritmo acelerado, un grupo de activistas se mueve con la determinación de un caracol, lento pero constante, en su lucha contra la gentrificación.
Caracol Urbano, un colectivo nacido en 2011, ha sido testigo de cómo su ciudad se transforma, a veces de manera irreconocible, bajo la presión del desarrollo urbano desenfrenado. Con doce años de resistencia, las luchas no han cambiado, sino que otras han surgido.
Para el colectivo, la resistencia contra la gentrificación tuvo un punto clave al darse cuenta de que la zona central de Guadalajara se quedaba vacía y que se adentraba en una etapa de trance por la desinversión.

Esta devaluación deliberada creó una oportunidad para grandes inversionistas, quienes vieron en estos espacios abandonados una oportunidad para obtener alta rentabilidad.
Otro factor que Héctor Robledo pone sobre la mesa es el blanqueamiento por despojo: que el centro de la ciudad sea convertido en hoteles de lujo, en alquileres turísticos de corto plazo y que se desplace y se desaloje a todas las personas que lo habitan. Y también añade el concepto del despojo urbano: “Son formas de deshumanización en la ciudad, que suceden al quitarle a las personas su posibilidad de vivir y ser tratadas como humanos en su espacio”.
La gentrificación en Guadalajara ya existe, eso es un hecho. Tenemos un escenario gentrificado y para el colectivo lo peor que se puede sumar a lo que ya sucede es que las personas se queden de brazos cruzados ante la problemática vertical que se extiende ante sus ojos. La organización vecinal y comunitaria es, definitivamente, una llave para resistir contra la gentrificación; así lo defiende el colectivo:

El involucramiento de distintos perfiles de personas desde diversas perspectivas y espacios es necesario para la resolución —o regulación— de la gentrificación en nuestra ciudad. Para Héctor Robledo, aprovechar los espacios y los momentos para hablar, que incluso nos parecen cotidianos, como el saludo a un vecino, el encuentro con otra persona al sacar la basura o el camino a casa, son cruciales para nombrar la lucha.

Sumarnos a iniciativas vecinales, involucrarnos con las actividades que se hacen: talleres, encuentros, reuniones, son otras aportaciones. “Que la gente haga lo que puede con lo que tiene”, pero que se involucre desde donde pueda, insiste Héctor.
El colectivo propone algunas soluciones desde la organización comunitaria: apropiación de los espacios públicos, huertos urbanos, proyectos y viviendas colectivas. Aunque, si nos vamos hacia el ámbito de políticas públicas, algunas posibles soluciones que enmarca Héctor son: regular Airbnb’s, apoyo a cooperativas de viviendas y que la administración pública brinde espacios de escucha y apoyo:

Para Héctor Robledo, en la resistencia y lucha contra la gentrificación, la frustración también es una parte que no se puede ignorar en esta realidad:

Para el colectivo también es frustrante ver que las personas se tengan que ir de sus viviendas y barrios, que las iniciativas colectivas o los espacios culturales se cierren y que los alquileres suban y suban.
“Necesitamos fuerza vecinal”, reafirma.
El colectivo Caracol Urbano también utiliza el arte para combatir la gentrificación y enfrentarse a narrativas capitalistas. En una ciudad, donde las propias inmobiliarias contratan a artistas locales para embellecer y modernizar ciertas zonas y poder mercantilizar la experiencia del territorio junto con la culturización que enmarca el conjunto departamental, el arte parece un arma de doble filo. Para el colectivo, el mecanismo de resistencia contra estas prácticas será la propia imaginación y la conversación que se construya con estos mismos artistas:

Sobre todo, Héctor Robledo resalta la importancia de los muros desde el ámbito artístico y de intervención: “Los muros tendrían que estar hablando de los problemas, tan desesperantes y ya tan fuertes que tenemos en estos momentos”. Parece incluso que nos propone esta idea de observar los muros verticales y horizontales y fijarnos en las diferencias: un muro de un edificio vertical, pulcro, sin intervención, contra un muro horizontal que resiste al cambio desenfrenado de una ciudad que quiere alcanzar el cielo.
Sugiere, entonces, que los muros hablen. Todo aquello que ayude a intervenir el espacio público y visibilice las distintas resistencias y luchas se podrá diferenciar de la idea que tienen las inmobiliarias sobre el arte solo como un recurso para la mercantilización y no para las otras latitudes que tiene, como lo es la resistencia.
En una ciudad que avanza de manera veloz, que no se detiene y que todo el tiempo cambia; en una era capitalista en la que el consumo nos consume, el reloj tintinea en nuestro oído y no hay posibilidad para un descanso; en esas realidades que se cruzan y nos entretejen, observar y detenerse, como un caracol, es también un acto de resistencia.
Héctor Robledo añade: la discusión del barrio también forma parte de la discusión pública.
El llamado a la acción es claro: involucrarse en iniciativas vecinales, participar en proyectos comunitarios y alzar la voz contra el desplazamiento urbano.

