Cristian Omar Grimaldo lleva años trabajando contra la gentrificación, a
la que denuncia como un proceso que afecta sobre todo a los
ciudadanos más vulnerables; ya la ha visto ocurrir en Guadalajara…

Los barrios, las calles, los vecindarios e incluso los mismos ciudadanos se enfrentan
a grandes cambios, cambios que afectan la manera en la que conocen su mundo y
a las personas que les rodean. Uno de los fenómenos ocultos que afectan nuestra
vida es la gentrificación, que es el desplazamiento de los habitantes tradicionales
por motivos de negocios. Christian Omar Grimaldo, experto en estudios urbanos,
nos cuenta sobre estos cambios y cómo nos afectan.

Christian ha dedicado 10 años su vida a la investigación de fenómenos urbanos
entre los cuales se puede resaltar el despojo. Ahonda sobre estos temas dentro de
su libro La barranca de Huentitán: Materialidad, apropiación e imaginarios urbanos.,
editado por El Colegio de Jalisco.

¿Qué es la gentrificación?

«La gentrificación es un proceso perverso que destruye el tejido social mediante
una gestión de los deseos y una privación del acceso a la vivienda a los grupos más
vulnerables del mundo».

El deseo juega su gran papel dentro de los procesos de gentrificación, como explica
Omar: “Es importante enfatizar las transformaciones en sus dos dimensiones tanto
materiales como subjetiva, esa materialidad de la mano con una intención de qué
deseemos como población, como ciudadanía, cierto tipo de consumo, cierto tipo de
formas que nos parecen amigables, modernas; en general les decía deseables”.

Desde sus investigaciones plantea que a la gentrificación también se le podría
denominar como “despojo por blanqueamiento”: “Blanquitud es una ética, es una
forma de hacer en el mundo que tiene su origen en los procesos coloniales de
Europa”.

Blanqueamiento por despojo se refiere a que hay ciertas formas que son propias del
Occidente y de grupos que históricamente han tenido más poder que otros, de élites
que van imponiendo sus formas de hacer, ser, sentir, pensar y portarse. Las demás
personas las adoptan porque se trata de las formas deseables.

¿De qué manera afecta esto los derechos de la vivienda?

«Estos procesos van legitimando que ciertas poblaciones son indeseables. Vean
por ejemplo un render de los proyectos de transformación urbana: siempre hay un
tipo de cuerpos; son cosas imaginarias, todavía no existen los edificios, todavía no
existe esa gente ahí, pero lo que están poniendo son representaciones de cuerpos
que son esbeltos, que son jóvenes, que son fenotípicamente blancos, que tienen
cierto tipo de vestimenta. Si tú planteas que una apariencia de un edificio o de
ciertos cuerpos son más deseables que otros, eso va generando una imagen, una
representación en quienes percibimos esos proyectos como que eso es lo bueno”.

Este proceso provoca que algunos perfiles dejen de ser deseables, las personas se
ven desplazadas hacia las periferias y las dinámicas de todos los días tienen un
cambio total.

¿Qué futuro nos proyecta como sociedad?

«Una ciudad cada vez más desigual, que nos segrega. Vas a tener un grupo
poblacional con nivel adquisitivo bajo en los márgenes y a un grupo con un mayor
poder adquisitivo dentro, y eso también genera una serie de resentimientos de clase
entre las poblaciones, miedos injustificados, estigmas y prejuicios».

Otra consecuencia, afirma Omar, es que tras un proceso de gentrificación deja de
haber “politización de la vida cotidiana de lo común”, y en un mundo así “vamos a
perder empatía, vamos a perder también capacidad de exigencia al Estado en otros
niveles”.

A todo eso se suman los cambios de la vida cotidiana. “Desaparecen sonidos”, dice
Omar, por poner un ejemplo. “Es muy diferente vivir en un edificio, en una vecindad
o en un barrio. Ese tipo de dinámicas, que parecen intrascendentes, que
desaparezcan de la vida cotidiana de verdad es una tragedia que nos va a pesar a
todos con el tiempo”.

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